31 may 2012

10/ Visita inesperada


Cuando conseguí despertarme aún no tenia las fuerzas necesarias para hacer nada, una de las causas era por que aún tenia las esposas que Tansui me había puesto. Alguien abrió la puerta, era un tritón.
-         Parece que ya te has calmado, te voy a quitar las esposas si me prometes que no te escaparas.
Asentí con la cabeza. Me las quitó.
-         Hemos traído a alguien que quiere verte.
Mire a la puerta y apareció mi abuela,  nos dimos un enorme abrazo.
-         Abuela.
-         Cariño.- me acarició el pelo.
-         Abuela he hecho algo horrible, he matado a los mugiwaras,
-         Nos dejan a solas por favor quiero conversar con mi nieta.
Los tritones se fueron y nos dejaron solas.
-         Abuela que voy hacer no quería que les pasara nada pero Tansui les a matado, yo he hecho que les mataran.
-         Avril, Avril escúchame, debes relajarte, respira hondo y escúchame.
No podía dejar de llorar.
-         Abuela ya no se puede hacer nada.
-         Avril nada esta perdido me oyes aún queda una solución,
-         ¿Cual?
-         Por que no miras en tu interior, tú misma me dijiste que esos chicos son duros de pelar, ¿tú crees que morirían tan fácilmente? Seguro que sean salvado y ahora están yendo a buscarte, además no solo me tienes a mi, tienes amigas.
-         ¿Que quieres decir?
-         Que tus amigas tampoco dejarían que nada te ocurriera. Asi que tranquilízate y no te preocupes por que todo saldrá bien, confía en ti misma, confía en esos  chicos, ellos son tu apoyo, y tú eres el suyo.
Un triton apareció por la puerta.
-         Se acabo el tiempo.
-         De acuerdo.
-         No abuela no te marches, por favor,
-         Lo siento mi niña pero, no me queda otra opción. Te estaré vigilando no te preocupes, no dejare que te pase nada.
-         Vale.- me dio un beso en la frente, y desapareció por el largo pasillo.
Volví a quedarme sola en aquella habitación, por la ventana podía ver que el sol ya se estaba poniendo y comenzaban a encender las luces en la ciudad. El lugar donde me encontraba estaba a las afueras de la ciudad, el mismo lugar donde se firmó el contrato, el distrito Gyojin. Originalmente el distrito de Gyojin era un lugar que acogía a los niños huérfanos, pero con el tiempo se convirtió en una zona inestable y sin ley que mas tarde acogía a los gyojins que eran desterrados de la isla. Luego Fisher Tigre se proclamó jefe de la zona pero al morir, los nuevos piratas de Gyojin la hicieron su base. El capitán de esta banda era Scualo, y cuando Luffy lo derrotó nombraron a Tansui como jefe del distrito. 
Pensé toda la noche en lo que me dijo mi abuela que confiara en ellos, y lo hacia, pero al estar en ese estado no era yo misma me sentía culpable por lo que había sucedido.

Mientras tanto en el Thousand los piratas estaban cenando y cuando acabaron todos se quedaron en la cubierta mirando las estrellas,  sin decir nada, solo observando el cielo estrellado que cubría el cielo.
Por desgracia yo no alcanzaba a mirar las estrellas como solía hacerlo cuando estaba en la superficie, por que la isla Gyojin se en contrata a 10.000 metros bajo el nivel del mar pero aún así miraba hacia el cielo y pedía que los piratas estuvieran bien que continuaran su viaje, que consiguieran sus sueños. Cuando amaneció, un rayo de sol atravesó la ventana, pasé la mano por el para que me diera la luz y poder sentir el sol una vez mas. Volvieron a abril la puerta.
-         Sal, hay alguien al que debes ver.
-         ¿¿Quien es??
-         Sal
Se notaba que era un antiguo miembro de la banda de Arlong, ninguno me tenía ninguna simpatía, ya que Luffy le derrotó. Salí de la habitación y pasé por distintas salas hasta la sala principal, allí como de costumbre se reunían los tritones, pero esta vez había muchos más. Me sentía un poco incomoda y vamos a reconocerlo, asustada, no sabia lo que podía pasar, ni a quien debía ver. Seguí al tritón hasta que se detuvo y se aparto de en medio. Cuando tuve visión vi a Tansui charlando y riendo con otro tritón, pero no le reconocí, jamás le había visto. Cuando me vio se levantó y se acercó a mí, tenia aspecto de haber estado fuera durante años,
-         Si que has crecido. Cuando te vi la última vez eras una renacuaja y mira ahora la mujer en la que te has convertido. Es normal han pasado cuanto 200 años.
-         Disculpe señor pero ¿quien es y de que me conoce?
-         ¿No me recuerdas?
-         Lo siento señor pero creo que se equivoca yo jamás le he visto.
-         Vaya pensé que tu abuela te había hablado de mí
-         Mi abuela ¿usted la conoce?
-         Como no la voy a conocer, si hace 200 años era mi suegra, menuda mujer, espero que no este muerta.
-         Su suegra, pero de que me esta hablando,
-         Soy Hutreds, Hutreds Oda, soy tu padre,
Mi padre así que se había atrevido a parecer.
-         Disculpe señor pero creo que se equivoca, mi padre esta muerto, y sí, mi abuela sigue con vida, es la única familia que tengo.
-         Vaya no me extraña que estés enfadada pero soy tu padre eso no puedes negarlo.
-         Tiene que disculparme, pero si como usted dice de verdad fuera mi padre, ni si quiera le dirigiría la palabra. No me importa lo que sea o quien sea pero no  lo conozco como para que tenga esa confianza como para hablarme de tu. Así que discúlpeme pero no quiero estar más tiempo aquí.
-         Vaya tienes el mismo espíritu que tu abuela según dicen, y es verdad ella seguro que también me odia, pero no tuve más opción que abandonarte,
-         Señor no le conozco, como ya he dicho mi padre esta muerto, no quiero nombrarle por que jamás le conocí y quiero que siga así. Le extraña que alguien le odie, abandonó a una hija, la vendió al primero que le pareció.
-         No te vendí, Te deje con ellos para que te cuidaran.
-         ¿Cuidarla? Ya, en un contrato matrimonial que firmó para que hicieran con ella lo que les diera la gana, como si la querían vender, pero a usted eso que más le daba ya, no quería saber nada de su hija jamás la aceptó y en vez de dejar su vida en paz se la vendió a los tritones del distrito gyojin. Usted no sabe nada de su vida jamás ella jamás fue feliz por que sabia como seria su futuro, si ese contrato se validase.
-         Fuiste tu la que dio el sí
-          ¿¿Que??
-         Fuiste tu la que dijo que quería casarse.
-         No sabe nada.
Me dirigí a Tansui.
-         No le habéis enseñado el nuevo contrato.
-         Que nuevo contrato de que esta hablando.
Tansui se lo enseño, yo tenia lagrimas en los ojos, aunque estaba bajo el agua las lagrimas de las sirenas según decían eran como diamantes, de lo brillantes que eran.
-         Yo, yo no sabia nada de esto créeme,
-         El contrato se ha confirmado, esta hecho, no se puede romper.
-         Al menos eres como tu madre y no como tu abuela, no eres guardiana de ningún pirata así que nunca tendrás que aceptar estos artículos.
-         Se nota que usted no me conoce en absoluto, no sabe nada de mi vida, toda ella a sido un tormento para mí, escondiéndome de aquellos que querían hacerme daño solo por el mero hecho de que cuando se validase el contrato seria, como ellos dicen, suya. Cuando me cayó de la superficie un sombrero de paja, fui la sirena más feliz del mundo, por que pensé que no tendría que volver a sufrir esos abusos, que de alguna manera podía ser libre, rompí las reglas y me mostré ante ellos, me mostré ante los piratas y me enamore, me enamore de todos y cada uno de ellos, eran gente que tenia sueños y esperanzas, y cuanto más estaba con ellos más sentía que mi vida iba a cambiar, que ese contrato no se cumpliría nunca. Pero entonces aparecieron unos hombres de la marina, e hicieron que ese “don” como ellos lo llaman, se hiciera realidad. Yo era feliz con mi vida pero a partir de ese momento volvió a cambiar y el miedo volvió a aparecer, por que después de tantos años me tenia que separar de aquella gente, y ahora estoy aquí hablando con alguien que abandonó a si hija y la obligó hacer algo que no quiere, la ha condenado.
-         Tu no sabes lo que es criar a una hija tu solo, yo jamás quise tener un hijo pero tu madre quedo embarazada, y después murió no tuve elección.
-         Eso no es excusa.
Me gire y volví nadando a la habitación. Estaba furiosa y a la vez triste pero no por aquel hombre, que se creía que seriamos la gran familia feliz. Estaba triste por que volví a pensar en los mugiwara, me quité el sombrero y no paré de mirarlo, me encantaría saber si estaban bien, quería ir con ellos pero no podía. 

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